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¿A dónde vamos?

Thursday, June 29, 2006


La zarandea fuerte, pero no responde. Está blanquísima, rígida, fría como el mármol. La “Bi” se lleva las manos a la boca y comienza a morder sus uñas. Tiene miedo, más miedo que la cresta. No atina a hacer nada, sólo a remecerla con fuerza, intentando en vano sacarla del universo extraño al que fue a parar.

“Hueóna, hueóna, abre los ojos”, le dice temblando, aterrada por la idea de que la Poly se muera, incapaz de saber qué hacer. Está tan volada que le cuesta pensar. Para desgracia suya, esta vez la droga le jugó chueco y está pegada mirando cómo a la Poly se le escapa la vida con cada respiración forzada que logra dar.

Vuelve a moverla y con horror nota que le sale sangre de la nariz. La “Bi” aleja sus manos espantada, asqueada por la escena y rompe en llanto. No quiere que le pase nada malo y le aprieta fuerte la mano, maldiciendo la hora en que su amiga comenzó a meterse pastillas cuáticas en el cuerpo. ¿Para qué? Lo más bien que antes disfrutaban con pura yerba.

Todo cambió cuando a la Poly le dio con “experimentar”, con eso de vivir sensaciones distintas, aunque fuera peligroso, porque por más farrera que fuera, por más osada que quisiera ser, la Poly estaba bien cagada de salud. Le fallaba el corazón desde los 15 años. Había estado hospitalizada varias veces y tomaba unos remedios bien brígidos, pero igual no más que fumaba, tomaba y se drogaba como mala de la cabeza.

Pero nunca antes se había ido a la chucha como hoy, o sea, a lo más desmayos y taquicardia, la típica de sus salidas de fin de semana, pero ahora era distinto. Llevaba más de 15 minutos sin abrir los ojos, helada, inconsciente.

Y lo peor de todo era que la “Bi” no podía quitarle los ojos de encima, estaba pegada en ese cuatro surrealista de muerte y agonía que se le presentaba con ella y su mejor amiga como protagonistas.

“Oye, oye”. Levantó la vista y vio a un grupo de jóvenes junto a ellas.. Dos minas y tres tipos, miraban aterradísimos la imagen.

- ¡¿Qué pasó?!
- Mi amiga... se desmayó... no abre los ojos
- ¿Hace cuánto rato está así?
- Harto... mucho...

La rubia bajita y regordeta del quinteto, se acerca al cuerpo de la Poly y le toma el pulso. Con cara de preocupación, mira a la “BI” y le pregunta qué fue lo que tomó, pero ella no responde.. Sus labios se quedan pegados y por más que intenta gritarles que la Poly se mandó unas pepas no puede. La pseudo doctora le dice al más alto que es bien grave el asunto y que hay que llevarla a la posta.. Con una chaqueta le limpian la sangre que le mancha la cara y entonces algo pasa.

“Puta la hueá”, dice la gorda y comienza a hundir sus puños en el pecho de la Poly. “Uno... dos... tres” y luego acerca su boca a la de ella. “Uno... dos... tres” y la “Bi” mira atónita, no comprende nada. Los tipos empiezan a llamar por teléfono y ella piensa que la Poly se morirá de asco cuando sepa que una gorda con pinta de cuma le dio besos en plena calle. La escena le parece tan graciosa que comienza a reír fuerte y con ganas.

- ¿Y qué le pasa a esta hueona? ¿Qué no cacha que le dio un paro?
- Hueón, está hecha mierda. Mírale la cara no más...
- Pal’ pico estas hueonas... ahí viene la ambulancia.

A la “Bi” le molestan las luces del cacharro que aparcó junto a ellas. Le parece demasiado chillón el color rojo que escapa de la baliza y que se mueve en todas direcciones. Del vehículo se bajan tres hombres de blanco y la gorda rucia hace de vocera y cuenta la historia. La “Bi” entiende muy poco de lo que dice, así que desvía su atención al cuerpo de Poly. Le siguen apretando el pecho y ahora un tipo le pone una mascarilla.

¿Qué onda? ¿Qué está pasando? La “Bi” está demasiado confundida y trata de tomarle la mano a la Poly, pero no la dejan. Uno de los hombres de blanco se le acerca y le pone una pequeña linterna en sus ojos. La “Bi” se enoja y le da un manotazo al tipo por el atrevimiento. Pero el hombre, acostumbrado a tratar con mocosas locas no se da por vencido y le chanta nuevamente la luz en sus dilatadas pupilas

- ¿Puedes hablar?
- Sí...
- ¿Te acuerdas qué tomaron?
- Sí...
- ¡¿Qué cosa?!
- ...

Llegan los hombres de verde y a la Poly la meten a la ambulancia. La “Bi” , más confundida y asustada que nunca, recuerda que en sus manos tiene la cartera de su amiga y ahí dentro hay una tarjeta médica donde dice que en caso de emergencia no le pueden administrar ciertos remedios.

A duras penas se levanta. Camina tambaleándose, con los oídos zumbándole y el corazón latiéndole a mil por horas. Se detiene frente al médico, le pasa la cartera. y haciendo un gran esfuerzo logra decirle: “hay remedios que ella no puede tomar”.

Y curiosamente, todo se vuelve blanco. Todos desaparecen y la Bi ve que la Poly está de pie junto a ella, sonriendo, con los ojos más brillantes que nunca. A su alrededor no hay nada. Ni luces, ni edificios, ni enfermeros, ni gordas teñidas . No hay nada.

- Poly, hueón, ¿dónde estamos? ¿qué cresta pasó?
- Nos vamos po’.
- ¿ A dónde?
- En verdad, no sé, pero nos vamos. Igual ya me apestó esta hueá.
- Demás. A mí también, galla. En verdad, no es muy cool.
- Sí, po’, “Bi”. Ya, vamos, vamos...


posted by Margarita Starr.
10:20 PM

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

a pesar de que me gustó la idea del relato, al escrito le falta algo, le falta la perfección que suelo leer de ti.

igual me gustó..es como otro lado tuyo...o fué una volada?

me parece demaciado interesante que puedas cambiar de personalidad para escribir así...o acaso te pasó algo? las cosas suelen darse asi...

un beso
tu Sirena

11:09 PM  

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